viernes, 14 de octubre de 2011

RECORDANDO AL PADRE AGUSTÍN BRAVO MUÑOZ

LA FIESTA DEL MAÍZ
El Tin de Agustín


“No cambio de camiseta
aunque sea bueno mudarla”,
nos dijo el Padre Agustín
el día de su llegada


al recibir el regalo
que Gabichu le entregara
contento, humilde y seguro,
llena de gente la sala.


Siempre tras nuestro maestro,
el que a todos invitara
a ser fieles a Jesús
y a la Tierra Pachamama.


A los sones del sereno
nuestro corazón y el alma
se alegran en grado sumo
… y el gozo a todos embarga.


Entre los brincos y bailes,
en nuestra sala cuadrada,
bajo la excelsa figura
que en el cuadro está grabada


en el humilde rincón
- como a Monseñor gustara -
el Padre Agustín se alegra
contento como unas pascuas.


La fiesta sigue y prosigue
y de todos – en las caras –
cual mazorcas de maíz
se nota alegría sana.


Y el tin de Agustín resuena
en Gabichu sin resaca,
en este su santo día
del santo del norte de África.


¡Qué alegre estará Proaño
en esta su sala magna,
con los indios y mestizos
más unos blancos de España


que llorando la Conquista
se han unido a la Alianza
de la Cultura Amerindia
perseguida y denostada.


II


La mesa se va llenando
de contento y de viandas,
mientras la música suena
alegrando cuerpos y almas.


La risa de Monseñor,
nuestro venerado Taita,
se expande por todo el ámbito
del festival, en la sala.


¡Qué hermoso, decía Proaño,
que estén hermanos y hermanas
gozando de la unidad
en fraternidad tan santa.


Los pasillos y las cumbias
y el yaraví en serenata,
animan nuestras personas
a cuantas Proaño llama.


El bombo sigue sonando
cual conciencia de Abyayala;
la guitarra nos despierta
recuerdos en las entrañas.


Y el risueño clarinete
- corriente que sube y baja –
es como el río de vida
que a todos con vida baña.


¡Cómo nos mete en la Historia
esta música sagrada,
tan indiana por su origen,
tan llena de fuego y ascuas!


Y a todos llenando está
de recuerdos y añoranzas,
cuando Agustín, el Vicario,
con Monseñor nos hablaba


de ser fiel a nuestra tierra,
luchar por recuperarla,
pues vivir ya no podemos
sin tener a Pachamama.


Agarrados de las manos
formamos rueda hermanada,
indicando que en la vida
unidos sólo se gana.


En la “Fiesta del Maíz”
- en esta primera gala -
está el futuro del pueblo,
el futuro de Abyayala.


Rompernos en trozos quieren,
partir la unidad sonada,
quitarnos los frutos propios
el Capital con el ALCA.


Nos quieren globalizar
cortando raíces y almas,
vendiendo granos sin vida
para una dura sembrada.


Pero Proaño nos guía
como en otras circunstancias,
y entre alegrías y músicas
con bailes y risas sanas;


nos sugiere estar alerta
- solidarios en la etapa
difícil que se avecina –
en el incierto mañana.


Comamos nuestros maíces
con su riqueza variada,
sin aceptar del Imperio
las órdenes y amenazas.


Gocemos aquí reunidos,
del Imbabura a las faldas,
reviviendo nuestra historia
de resistencia colmada.


Con fe, canciones y luchas,
descansos y caminatas,
celebramos los recuerdos
en esta Asamblea Magna.


José Antonio Casasola Guerrero,
Pucahuaico, 1 – 09 - 2002

EN MEMORIA DEL PADRE AGUSTÍN BRAVO MUÑOZ, VICARIO DE MONSEÑOR PROAÑO


PADRE AGUSTÍN BRAVO: AMIGO Y PROFETA 

Cuando los tiempos se vuelven borrascosos, imprevistos, nublados, sin sol… el buen Padre Dios nos envía profetas para que nos protejan, nos guíen,  nos ayuden a caminar…

El Padre Agustín Bravo, es uno de esos profetas. Es porque nos acompañó físicamente y ahora es nuestro intercesor desde la eternidad espiritual.

Como es difícil describir su vida testimonial, vamos a utilizar la metáfora de una historia para graficar su vida.
Para tratar de cumplir nuestro compromiso, realizamos la adaptación de un cuento oriental:

“Lo encontré en la ruta, un hombre sin otra cosa excepto una capa y un bastón, y un velo de tristeza sobre su rostro. Y nos saludamos. Y también le dije: Ven a mi casa y sé mi huésped.
Y él fue.
Mi esposa y mis hijos nos recibieron desde el portal y él les sonrió, y se regocijaron con su llegada.
Entonces nos sentamos todos juntos a la mesa y nos sentimos felices con aquel hombre, porque había silencio y misterio en él.
Y, luego de comer, nos reunimos junto al hogar y le pregunté acerca de sus andanzas.
Nos relató muchos cuentos aquella noche, y también al día siguiente, pero lo que yo recuerdo ahora es aquello que nació de la amargura de sus días, a pesar de haber sido él gentil; y estos cuentos hablan del polvo y de la paciencia de su ruta.
Y cuando nos dejó, luego de tres días, no sentimos que un huésped había partido, sino que uno de nosotros aún se hallaba en el jardín y faltaba que entrara todavía.”[1]

Podemos hacer numerosas lecturas del texto. Seguramente nos llevaría varios días, meses, años… agotar su interpretación. Solamente vamos a realizar una reflexión a partir del párrafo final.

En la Biblia, los números tienen un significado simbólico. Tres días significan “tiempo suficiente”. Por eso hablan de que el niño Jesús se perdió tres días en el Templo de Jerusalén.

El Padre Agustín Bravo, tuvo tiempo suficiente para amarnos y para demostrar su amor en cada gesto, en cada detalle, en cada mirada.

El Padre Agustín Bravo, tuvo tiempo suficiente para enseñarnos que la solidaridad y el compromiso no son palabras sino que son actitudes que van hasta compartir con el pueblo indio la comida, las caminatas, la Palabra de Dios, la cárcel.

El Padre Agustín Bravo, tuvo tiempo suficiente para demostrarnos lo que significa trabajar con amor, en el caminar junto con el Pueblo de Dios.

El Padre Agustín Bravo, tuvo tiempo suficiente para señalarnos que la amistad es un proceso que se construye gota a gota, paso a paso y que cuando los amigos se van nos duele el alma.

Y, ahora, es nuestro intercesor desde el mundo de la espiritualidad y eternidad.

Con infinito amor, en su memoria.
Loja, 14 de octubre de 2011

MOVIMIENTO “MONS. LEONIDAS PROAÑO” DE LOJA

Luis Pineda Sanmartín, COORDINADOR 
Yuri Abad, SECRETARIA 
Susana Hurtado, TESORERA


[1] Khalil Gibran: El vagabundo

domingo, 7 de noviembre de 2010

Envío 132: EL ECUADOR DE HOY A LA LUZ DEL PENSAMIENTO DE MONSEÑOR PROAÑO EL OBISPO DE LOS INDIOS (II Parte)


EL ECUADOR DE HOY A LA LUZ DEL PENSAMIENTO DE MONSEÑOR PROAÑO EL OBISPO DE LOS INDIOS(II Parte)

2. La Revolución ciudadana, para ser realmente revolucionaria, no puede tener otras bases que el conjunto de las clases subalternas y todos los grupos sociales que, directa o indirectamente, padecen de la lógica del capitalismo, como las mujeres víctimas de las privatizaciones del agua, de la salud, de la educación o de los indígenas perdiendo sus tierras su autonomía, su cultura. Por eso, un tal proyecto no puede ser llevado por actores que no lo comparten. Los eventos recientes son una oportunidad de marcar más claramente la opción de izquierda. El ensayo de golpe demostró la voluntad destructiva de la derecha y ningún actor político que no está de acuerdo con los objetivos y la manera de conseguirlos tendría que ser miembro de los órganos claves del Estado. La revolución ciudadana nunca será considerada suya por la derecha, aún con concesiones políticas.

3. El Estado en construcción no puede ser evidentemente ni el aparato tradicional en manos de la oligarquía o de la burguesía capitalista, ni un medio para una ascensión económica vía la corrupción, pero tampoco puede ser un Estado centralizado (jacobino). La institucionalización de un Estado capaz de ser el instrumento de los objetivos revolucionarios de la revolución ciudadana exige mecanismos de participación política reales. No puede realizarse con la promulgación de leyes con veto y objeciones del Presidente frente a grupos sociales que se sienten ignorados (y a veces agredidos) después de meses de negociación en el congreso. La acumulación de estos casos puede significar un real peligro para el proceso político nacional, especialmente cuando eso implica grupos significativos de estudiantes, maestros, profesores universitarios, indígenas, trabajadores sindicalizados y del sector público. Como lo ha escrito Samir Amin: “Si se deja desarrollar la contradicción entre las instancias populares y el Estado, los avances realizados corren el riesgo de ser derrotados” (Samir Amin, 2005)

Para afrontar la derecha, no basta aplicar soluciones teóricamente buenas y políticamente impuestas, sino sumar fuerzas populares en un proceso educador. Eso es la manera de progresar en campos delicados, como la cuestión agraria, la economía solidaria, la democracia participativa, la plurinacionalidad, sin temer los golpes de la derecha. Finalmente la institucionalización del estado pide continuidad en los roles y un estilo presidencial de convergencia de todas las fuerzas de cambio. Según el autor citado, eso significa “reforzar el carácter complementario posible de los avances del pueblo, de la liberación de la nación y de las realizaciones del poder del Estado” (Samir Amin, ibídem).

La transición

Para realizar esta tarea, el concepto de transición es un instrumento útil, porque permite a la vez guardar la radicalidad de los objetivos y aceptar la realidad política. Sin embargo para ser operacional en un proceso de cambio real, hay dos condiciones. En primer lugar, no puede ser una concesión a la derecha, sino un reconocimiento de los límites en el tiempo, de la posibilidad técnica de realización y de la correlación de fuerzas sociales existentes. En segundo lugar, su contenido debe ser el fruto de un diálogo permanente entre las fuerzas sociales (movimientos, un pueblo organizado social y políticamente) y el Estado. A título de ejemplo en la política extractiva (petróleo, gas, minerías), donde el Ecuador ha dado un ejemplo histórico (el Yasuní), se debe reconocer los graves daños ecológicos y sociales de esta actividad y al mismo tiempo no se puede pedir al país cesar de un día al otro esta actividad, fuente de ingresos para el Estado. La transición podría definirse en 4 puntos:

(1) reorientar la economía del país en función de las necesidades internas en vez de la exportación extractiva (eso es el largo plazo)

(2) establecer normas estrictas ecológicas (protección del entorno, utilización del agua, etc.) y sociales (derecho de las comunidades indígenas, campesinas y afro ecuatorianas, condiciones de trabajo, etc.)

(3) pedir el pago del precio de las normas a los consumidores de estos recursos y

(4) exigir la elaboración de leyes internacionales para evitar el efecto de “ventajas comparativas”.

El mismo concepto puede ser aplicado a otros sectores de las políticas económicas, sociales y culturales.

Conclusiones

Puede parecer paradójico decirlo, pero el golpe de estado fue un éxito de hecho, a pesar de la falta de estrategia de la derecha. La izquierda está dividida, el descontento social es amplio, Alianza País es más identificada con una persona, y el presidente más aislado a pesar de un apoyo masivo de un pueblo que no quiere más ilegalidad. Las Fuerzas armadas, que defendieron la legitimidad del poder, salen como árbitros políticos, lo que no es su papel normal en un Estado de derecho. Todo eso significa un reforzamiento de la derecha.
Sin embargo, esta situación puede ser también una oportunidad de una nueva etapa para la Revolución ciudadana: redefinición de sus objetivos, no como una social - democracia de compromisos, sino como un proyecto crítico de la lógica misma del capitalismo, para lograr no el crecimiento, sino el buen vivir; reorientación de sus métodos hacia un proceso popular con bases amplias; institucionalización de un Estado democrático, plurinacional, y participativo.
El pensamiento de Monseñor Proaño en estas perspectivas, tiene un valor importante: sus análisis sociales, sus orientaciones para una sociedad nueva, sus posiciones sobre la participación y finalmente su fe cristiana como fuente de inspiración de una Revolución ciudadana

• Ponencia en el Primer Encuentro internacional en Homenaje al pensamiento y acción de Monseñor Proaño, Riobamba, 21 de octubre 2010.

Bibliografía


AMIN Samir, La trajectoire du capitalisme historique, (manuscrit) 2005
BELLINI Luciano (compilador) Palabras de Liberación – Discursos y Homelias de Monseñor Leonidas Proaño (1985-1987), Abya Yala, Quito, 2009
GAVILANES del CASTILLO, Luis María, Monseño Leonidas Proaño y su misión profética-liberadora en la Iglesia de America latina, Quito, sin ed, 1992

lunes, 1 de noviembre de 2010

Envío 131: EL ECUADOR DE HOY A LA LUZ DEL PENSAMIENTO DE MONSEÑOR PROAÑO EL OBISPO DE LOS INDIOS (I Parte)

EL ECUADOR DE HOY A LA LUZ DEL PENSAMIENTO DE MONSEÑOR PROAÑO EL OBISPO DE LOS INDIO (I Parte)
François Houtart

Es un privilegio estar en este lugar donde Monseñor Proaño actuó como el “Obispo de los Indios” y poder participar en el homenaje a este pastor y profeta que he conocido y admirado.
Para abordar el tópico elegido empezaré por un breve recuerdo del método utilizado por Monseñor Proaño y después abordaré la situación del Ecuador, a la luz de su pensamiento.

- Ver, juzgar, actuar:

En un ensayo sobre el tema, él explicaba así este método: “Ver la realidad en profundidad, analizar preguntándonos las posibles consecuencias… juzgar esa realidad a la luz de lo que debe ser… asumir compromisos de cambio” (Bellini, 96). Toda su vida de educador se basó en esta metodología, herencia de la JOC (Juventud Obrera Cristiana). Su segundo eje fue la perspectiva de Paulo Freire: “la educación es interaprendizaje… compartir con el campesino, el indígena, el obrero” (ibídem). Se trata de “un proceso de concientización” (Bellini, 99). La liberación de su pueblo fue su preocupación fundamental.

- Una lectura actual:

Era muy claro para Monseñor Proaño que la situación del país que el conocía estaba caracterizada por un estado de “pecado social” (Gavilanes del Castillo, 284), es decir la explotación de los trabajadores, entre ellos los indígenas en las haciendas (Gavilanes del Castillo, 285), y la dominación imperial del gran capital, en particular norte-americano (Bellini, 96). Un proceso de liberación era necesario. Como cristiano y obispo, él definía su posición dentro de una teología de la liberación, es decir una lectura de la realidad con los ojos de la fe. Siguiendo el método del ver, juzgar, actuar, podemos abordar la situación actual del Ecuador, especialmente con los eventos del 30 de septiembre pasado.

En los últimos años, se creó en el Ecuador una situación nueva, iniciada por las resistencias populares y que desembocó en avances sociales reales y un proceso de transformación, caracterizado tanto por el mejoramiento de la vida de los más vulnerables de la sociedad, como por la afirmación de la soberanía nacional. La expresión de esta realización fue la Constitución, con orientaciones fundamentales de justicia social, de plurinacionalidad y de protección del entorno, de la madre tierra.

La Revolución ciudadana obtuvo logros importantes, lo que explica que fuerzas de la derecha, del interior como del exterior, quieren pararla; sin embargo, está solamente en su inicio. Como todo proceso social y político, éste se realiza de manera dialéctica y no lineal, es decir con avances y retrocesos, con transformaciones de situaciones socialmente inaceptables y también con la construcción de nuevas contradicciones. Se trata de un camino largo y difícil y no de un paraíso regalado. Por eso, los eventos de septiembre ofrecen la oportunidad de repensar los objetivos de la Revolución ciudadana, de revisar críticamente los métodos y de redefinir el camino a seguir.

- 1. Repensar los objetivos

Humanizar el capitalismo es una ilusión, como lo evidencia la multiplicidad de las crisis que vivimos hoy. No se trata solamente de una crisis financiera que además afecta los fundamentos de la economía: el empleo, los precios de los recursos, los intercambios comerciales, sino también de una crisis alimentaria, energética, climática. Todas tienen un origen común, el dogma del mercado capitalista con sus dos principios: la tasa de ganancia y la acumulación del capital como motores de la economía y la ignorancia de las externalidades, es decir lo que no entra en el cálculo económico, los daños ecológicos y sociales, que son pagados por la sociedad o por los individuos, pero no por el capital.

Los discursos que el presidente Rafael Correa pronunció en las Naciones Unidas y en varias universidades son claros en este sentido: construir el “socialismo del siglo XXI” significa cambiar el sistema y no solamente proponer reformas superficiales. Sin embargo, el camino es largo. Es la razón de una reflexión elaborada. Salir de la lógica del capitalismo significa mucho más que la reapropiación de los recursos naturales, aún si esto es un paso indispensable. Eso significa una reorientación de la economía en función de las necesidades locales (privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio). Exige otra actitud frente a la naturaleza, pasando de la explotación al respeto. Pide una democratización generalizada de todas las relaciones sociales y un Estado participativo. No puede realizarse sin una interculturalidad, implicando la participación de todas las culturas, saberes, religiones, en el proceso.

Ciertos objetivos de la Revolución ciudadana se aproximan a lo que Monseñor Proaño llamaba la liberación. Pero no se puede transigir sobre sus fines. Al contrario, la reflexión debe profundizarlos y las realizaciones concretas deben corresponder a sus cumplimientos. Dentro del pensamiento del obispo de los Indios, eso es una exigencia de los valores del Reino de Dios, la justicia, la igualdad entre los seres humanos, el amor. Él afirmó también que los objetivos no pueden ser “prefabricados” (Bellini, 98), porque todos los seres humanos son actores (Gavilanes del Castillo, 290). Por eso, para el, la educación liberadora era central: “construir una nación nueva con todos sus hijos” (Bellini 172), lo que nos lleva a abordar los medios.

2. Revisar críticamente los medios

Es obvio que varios pasos importantes se realizaron en el Ecuador para cumplir con tales objetivos. La Revolución ciudadana tiene una serie impresionante de logros, pero también de fallas y de contradicciones que deben ser analizadas para no perder de vista la construcción de las metas.

1. Además del diálogo directo con el pueblo no-organizado, como lo afirma Boaventura de Souza Santos, es necesario reanimar y ampliar el diálogo con el pueblo organizado, es decir las organizaciones y los movimientos sociales. En verdad ellos tienen sus debilidades y sus ambigüedades, pero existen con legitimidad y tienen un peso político, que la derecha no ignora. Por eso ésta aprovecha de las tensiones internas y de los conflictos con el sector político.

En verdad, los sindicatos tienden a ser corporativistas, es una ley social, pero sin ellos no se elabora una política social. El movimiento indígena, que ha jugado un papel histórico en los últimos años, fue políticamente ingenuo y a veces aún equivocado, pero es portador de valores fundamentales en la lucha anticapitalista y en la construcción del postcapitalismo: el “buen vivir” como definición de la meta de la economía, la madre tierra como simbiosis con la naturaleza, la cultura como factor central de la construcción social. Si varios miembros de las comunidades indígenas se dejaron influir por el neo-liberalismo y si otros adoptaron un discurso que solo mira al pasado, eso corresponde a la realidad de todos los procesos sociales, que nunca son lineales. Sin embargo, en el Ecuador, ningún futuro político liberador puede ser elaborado sin ellos, y menos todavía contra ellos.

Los movimientos ecologistas adoptan fácilmente posiciones exclusivas, porque son conscientes de la catástrofe ambiental que amenaza el planeta, pero sus aportes hoy son esenciales, ya que muchas especies vivas desaparecen, que los glaciales disminuyen rápidamente de tamaño, que el agua y los suelos son contaminados. La contribución política de este sector ha sido de gran valor, como se comprueba en el caso del Yasuní, que ha puesto al Ecuador en la cumbre de la defensa del clima. Intelectuales de izquierda desarrollan a menudo un pensamiento teórico, sin bases sociales y políticamente irresponsable, pero sus análisis son indispensables para evitar las derivas de los procesos sociales y políticos.

Después de los eventos de septiembre del año 2010, será evidentemente difícil establecer un diálogo con los grupos políticos y con la izquierda radical que se unieron de hecho a la tentativa de golpe. A lo mejor se trata de darles el tiempo de reflexionar para reconocer su equivocación política. Sin embargo, con los otros, un mecanismo de contacto es necesario. Despreciarlos o promover organismos paralelos no conduce a la dinámica social popular indispensable para lograr los objetivos.

lunes, 25 de octubre de 2010

Envío 130 MONSEÑOR PROAÑO, Testimonio de Nidia Arrobo Rodas en el XXX Congreso de Teología de Madrid III Parte

MONSEÑOR LEONIDAS PROAÑO (III Parte)

Paralelamente con esto, se desató un proceso de involución dentro de la propia iglesia. Medellín suscitó una oposición muy fuerte que Pablo VI no supo controlar. La Curia decidió apagar el espíritu de Medellín y escogieron a Alfonso López Trujillo para realizar su proyecto. “Alfonso López fue hecho obispo, Secretario del Episcopado Colombiano y Secretario general del CELAM por voluntad de la Curia. Desde el CELAM Alfonso López hizo todo lo que pudo para destruir Medellín. No lo logró en Puebla, pero sí con la ayuda de la Curia Romana consiguió crear en América Latina un episcopado nuevo, radicalmente indiferente a Medellín. Alfonso López fue hecho presidente del CELAM y, después, cardenal. La generación de Medellín fue reemplazada por obispos totalmente diferentes.”

Pero no solo se atacó a los líderes del movimiento, sino también a las comunidades eclesiales de base sobre todo por el nuevo CELAM dirigido por López Trujillo. Fueron denunciadas como una Iglesia paralela, acusación asumida por el Papa Juan Pablo II en Puebla y después, de ser comunidades marxistas que propiciaban que el marxismo se apodere de la Iglesia en América Latina. Todo esto coincidió con la aparición de las dictaduras más feroces y sanguinarias de América Latina, especialmente las del cono sur. Esto es, un plan integral que buscó desarticular todo lo que se había conseguido hasta ese tiempo.

Bajo la acusación de que “estaba destruyendo la Iglesia” el CELAM cerró el IPLA para evitar romper los símbolos de la iglesia tradicional, iglesia institución que fue parte e instrumento de los sectores dominantes, de la oligarquía agroexportadora y del poder terrateniente y como tal defendió “sus intereses” generales y participó en sus disputas de poder.

Este fue el inició de la “vida en soledad” de Mons. Proaño en la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y en el CELAM. Pero tampoco fue un período tranquilo. Los sectores del poder político y de la iglesia urdieron acusaciones falsas y por eso estuvo siempre bajo sospecha en Roma, acusado de político y subversivo. La Curia romana instruyó contra él varios expedientes que dieron lugar a la “visita apostólica” para buscar su salida. Nunca pudieron probar nada en su contra ya que fue innegable el gran respaldo de la obra de evangelización y su lucha por la justicia.

“Sueño en la posibilidad de una sociedad nueva” clamaba el obispo rojo, que fue nominado candidato a Premio Nobel de la Paz. Al final de sus días recibió en Ecuador y en el exterior numerosos doctorados “honoris causa”. El, como dije anteriormente, concibió su plan pastoral como la interacción simultánea de la fe y la política. Para la construcción de la sociedad nueva –que nos apremia, decía- requerimos de la formación de dirigentes, seres nuevos comprometidos, organizados y movilizados. Consideró urgente fortalecer las organizaciones allí donde existen y crearlas donde no existen. Con la convicción de que “sólo el pueblo salva al pueblo” promovió y guió la constitución del Ecuarunari, organización regional que lidera los pueblos Kichwa de Ecuador, del MICH, el Movimiento Indígena del Chimborazo y de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) de larga trayectoria nacional y latinoamericana.

En sus últimos año orientó su lucha a la necesidad de conformar un estado plurinacional para alcanzar la autodeterminación de los pueblos indígenas, la garantía de sus derechos históricos, y el rescate de sus valores milenarios considerados como un tesoro capaz de redimir del capitalismo no solo el Ecuador sino el planeta entero. Cuando el cáncer avanzaba en su cuerpo se inmoló por dos grandes causas: la liberación de los pueblos indios con todos sus derechos y porque la Iglesia sea fiel a Jesucristo y al Evangelio.

“TÚ TE VAS PERO QUEDAN LOS ÁRBOLES QUE SEMBRASTE”


Dice el verso de su profético poema escrito antes de dimitir por límite de edad, del Obispado de Riobamba. En esa etapa de su vida, Mons. Proaño empezó a sentirse invadido por una profunda tristeza, pero a la vez de una sólida esperanza. Cuando tuvo una reunión de despedida con dirigentes indígenas les preguntó, ¿Qué pasaría si el Obispo de Riobamba ya no estuviera entre ustedes? Uno de ellos respondió: “no pasaría nada taitiku”. ¿Por qué? volvió a inquirir Monseñor; “porque para eso quedamos nosotros”, fue la respuesta que serenó al amigo.

“Para eso quedamos nosotros” y es verdad, porque a lo largo de estos veinte y dos años de presencia luminosa desde nuestro Padre Dios, Mons. Proaño sigue siendo no solo referente de las luchas reivindicativas de los defensores de los derechos humanos; de activistas sociales, ecologistas; cristianos y cristianas de comunidades eclesiales de base; de artistas; de mujeres, de jóvenes, adultos mayores; niños y adolecentes que van tras otro mundo posible; sino sobre todo de las organizaciones y movimientos sociales e indígenas que vamos tras el camino cierto de la liberación.

Como Moisés, Mons. Proaño, acompañó a su pueblo a la conquista de la “tierra prometida” la que avizoró sólo a la distancia… El primer gran levantamiento indígena de Abya Yala de 1990 -que conmovió las bases mismas constitutivas del Estado Ecuatoriano- se produjo a dos años de su partida. No faltó quienes afirmen que ese levantamiento pacífico que paralizó al país durante diez días, fue por el trabajo del Obispo de los Indios que formó una generación de “indios alzados”.

La década del noventa en Ecuador ha estado preñada de movilizaciones, levantamientos, conflictos; propuestas, y conquistas indígenas tales como la creación de la Educación Intercultural Bilingüe; la legitimación de tierras y territorios; la ratificación del Convenio 169 de la OIT; la inclusión de los derechos de los pueblos indígenas en la Constitución; y, en la presente década logramos consagrar que en la Constitución se incluyan la declaratoria de Ecuador como estado plurinacional; el Sumak Kawsay como eje transversal; los derechos de la Pachamama; el agua como derecho humano y se profundicen los derechos colectivos de los pueblos indios.

“El soñador se fue pero su sueño queda” dice Agustín Bravo su fiel Vicario y desde la Fundación Pueblo Indio del Ecuador, constituida por Mons. Proaño seguimos con paso firme tras sus huellas y fieles a las enseñanzas del evangelio, unidos a los pueblos indígenas de Ecuador en sus luchas por reivindicar sus derechos como pueblos; en la construcción del estado plurinacional que recién empieza; y, en la búsqueda del nacimiento de una iglesia india, sueño postrero del profeta, posibilidad hoy más que nunca amenazada por una institución eclesial que nunca quiso comprender a Monseñor Proaño, ni sus opciones, ni su compromiso. En síntesis, estamos comprometidos en la ejecución del Plan Nacional de Pastoral Indígena formulado por Mons. Proaño con los pueblos indios, y que consta en el encargo testamentario legado a nuestra entidad.

Seguimos, impidiendo el olvido de su memoria. Tratamos de mantener actualizado su mensaje mediante la publicación de sus escritos y la realización de encuentros y talleres nacionales y latinoamericanos. En este último año y para conmemorar el centenario de su nacimiento, hemos presentado la Cantata Escénica “Puka Runa, la revolución del Poncho”, que con la presencia de lo mejor del talento nacional y una combinación excepcional de música, danza, arte y poesía muestra los grandes hitos de su vida y presenta su mensaje liberador.

Nos apremia la realidad actual de los pueblos indios en tiempos de globalización neoliberal, y nos urge la realidad de nuestro planeta azul frente al cambio climático, el modelo capitalista, consumista y depredador; y, la avidez de las transnacionales y nos hacemos cargo el llamado profético del taita: “Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde, antes de que la ambición y codicia de unos pocos, convierta a nuestro planeta tierra en una luna muerta, en un cementerio del espacio”.

Hasta el final de su trabajo pastoral, Mons. Proaño siguió fiel a la Teología de la Liberación:

• El Evangelio no es solo el anuncio del cielo, sino el anuncio de una transformación de la vida aquí en la Tierra.

• Las Bienaventuranzas no son el anuncio de un premio en la vida futura para que los hombres acepten su estado de opresión, sino que anuncian un cambio, la conversión.

Y abrió caminos para la postulación de la teología india y la comprensión del pluralismo religioso.

Los signos que anunció fueron los de una transformación que no se haría con milagros, sino por la acción del Espíritu Santo que habita en los pobres.

Su trabajo dio frutos. Se cambiaron las relaciones feudales en el campo ecuatoriano, los indígenas se liberaron de una situación de oprobio, se organizaron, son propositivos y se movilizan. Hoy han logrado una presencia en la vida nacional, como fuerza política y social incontestable.

Cuánta razón tenía el indígena que se acercó al carro de la caravana en la que entraba Mons. Proaño a Riobamba al ser nombrado Obispo y le dijo: “Por fin llegaste taita amitu”. Y es que cuando llegó, ya habían transcurrido más de 450 años.

Madrid, 8 de septiembre de 2010

lunes, 18 de octubre de 2010

Envío 129 MONSEÑOR PROAÑO, Testimonio de Nidia Arrobo Rodas en el XXX Congreso de Teología de Madrid II Parte

MONSEÑOR LEONIDAS PROAÑO (II Parte)

Los objetivos de este plan fueron:

1. Trabajar en la edificación de la Iglesia, desde los pobres y con los pobres, para que sea comunidad, Pueblo de Dios, signo expresivo del Reino; y,
2. Aportar todo lo posible a la construcción de una Sociedad Nueva que sea anticipo del Reino de Dios en la Tierra.

Todo este proceso estuvo atravesado por acciones y propuestas creativas y proféticas como la creación de Equipos Pastorales constituidos con misioneros campesinos, animadores de comunidades, catequistas o educadores en la fe, indígenas misioneras; la constitución del Equipo Misionero Itinerante, las Comunidades Eclesiales de Base; la creación del Hogar de Santa Cruz que se convirtió en poco tiempo en el centro donde se promovió la discusión de las tesis transformadoras y alentó el diálogo de los sectores comprometidos con la transformación de la realidad, tanto de Ecuador como de Latinoamérica.

Constituyó el Equipo de Coordinación Pastoral; y definió una “nueva forma” de Ser obispo; un nuevo estilo de formación sacerdotal y una nueva reflexión sobre el Ser y el Hacer Iglesia.

Creó el Instituto de Pastoral Diocesano que bajo la orientación de teólogos latinoamericanos se encargó de la organización de cursos para agentes de pastoral, así como el Centro de Formación Teológica para completar la formación pastoral de los jóvenes aspirantes al sacerdocio, antes de resolver su ordenación al servicio de la Diócesis.

De esta manera preparó los recursos necesarios para enfrentar las dos imágenes prevalecientes desde esa época en la Iglesia Latinoamericana: la Iglesia Conservadora y la Iglesia Modernizada; para dar paso a la Iglesia Pueblo de Dios en Marcha que es la que se vivió en Riobamba.

Paralelamente con esto, trabajó en el proceso latinoamericano, para impulsar los cambios sustanciales en la Iglesia. Fue decisiva su participación en la reunión del CELAM en Medellín en septiembre de 1968, que permitió concretar y poner en “versión latinoamericana” el impulso renovador del Concilio Vaticano II.

La década del 60 fue la década de la efervescencia revolucionaria de América Latina. Se había producido la Revolución Cubana, Camilo Torres, sacerdote guerrillero, había muerto en combate y el Ché, por orden de la CIA, había sido asesinado en Bolivia.

Así estaba el proceso de liberación latinoamericano cuando se produjo la II Conferencia General del Episcopado en Medellín, y su impacto en ese proceso fue enorme. Se partió de un reconocimiento de la realidad declarando que en el continente, la situación es muy dolorosa por la presencia del: analfabetismo, ignorancia, pobreza, miseria, hambre, enfermedades, injusticias, dominación y esclavitud.

La Conferencia de Medellín, en el Mensaje a los Pueblos de América Latina entre otras cosas dijo:
“Como cristianos, creemos que esta etapa histórica de América Latina está vinculada íntimamente a la Historia de la Salvación.

Como Pastores, queremos comprometernos con la vida de todos nuestros pueblos en la búsqueda angustiosa de soluciones adecuadas para sus múltiples problemas.

Creemos que estamos en una nueva era histórica. Ella exige claridad para ver, lucidez para diagnosticar y solidaridad para actuar.

A la luz de la fe que profesamos como creyentes, hemos realizado un esfuerzo para descubrir el plan de Dios en los "signos de nuestros tiempos". Interpretamos que las aspiraciones y clamores de América Latina son signos que revelan la orientación del plan.

Nuestro aporte no pretende competir con los intentos de solución de otros organismos nacionales, latinoamericanos y mundiales, ni mucho menos los rechazamos o desconocemos. Nuestro propósito es alentar los esfuerzos, acelerar las realizaciones, ahondar el contenido de ellas, penetrar todo el proceso de cambio con los valores evangélicos.

Quisiéramos ofrecer la colaboración de los cristianos, apremiados por sus responsabilidades bautismales y por la gravedad del momento. De todos nosotros depende hacer patente la fuerza del Evangelio, que es poder de Dios.

No tenemos soluciones técnicas ni remedios infalibles. Queremos sentir los problemas, percibir sus exigencias, compartir las angustias, descubrir los caminos y colaborar en las soluciones”.

Para el desarrollo de las acciones renovadoras de la Iglesia, en 1969, el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) eligió a Mons. Proaño Presidente del Departamento de Pastoral de Conjunto y desde allí organizó el Instituto Itinerante de Pastoral para América Latina (IPLA) cuyos frutos se esparcieron a lo largo y ancho del continente.

América Latina siguió en una etapa de efervescencia y los movimientos sociales proliferaron. Se dijo que era el continente de la esperanza. Pero la respuesta del poder y del Imperio fue contundente. La política internacional de Nixon y su Secretario de Estado Henry Kissinger si bien dedicada especialmente a Asia, no descuidó Latinoamérica. Las vías democráticas al socialismo se saldaron con oprobiosas dictaduras militares en el cono sur, y en Centroamérica se acentuó la represión en Nicaragua, El Salvador, Guatemala para detener la lucha interna. El espíritu de solidaridad de Mons. Proaño se expresó también con los pueblos latinoamericanos en lucha, mediante la creación del Frente de Solidaridad del Chimborazo, desde donde articuló todo un trabajo solidario, comprometido y de apoyo a sus legítimas causas.

Con esta misma vocación eclesial e internacionalista se solidarizó a nivel eclesial con Mons. Romero con quien trabajó en Puebla. Abrió las puertas de su diócesis para que varios sacerdotes y agentes de pastoral salvadoreños, que habían sido amenazados de muerte, pudieran obtener refugio, continuar su formación y participar de las acciones pastorales.

Luego del asesinato de Mons. Romero, con el obispo Sergio Méndez Arceo, patriarca de la solidaridad, fundó el SICSAL, entidad solidaria con los pueblos en lucha. Sus bases principales, los Comités Mons. Romero se han extendido por todos los continentes hasta llegar hoy hasta Japón y Australia.

Como he señalado, su acción pastoral se desarrolló en una sociedad conservadora, con una clase terrateniente atrasada y que rechazaba la modernidad. Se mantenían aún relaciones feudales en el campo y hasta poco antes, en la compraventa de haciendas se incluían los semovientes y los indios. De allí que trabajar con estos objetivos durante la década de los setenta, fue una fuente de muchos conflictos.

“La Iglesia de Riobamba era dueña de extensiones considerables de tierras, como heredera de sistemas postcoloniales. Era una vergüenza. Pero la realidad era ésa” . Mons. Proaño en su Diócesis, se desprendió de todas las propiedades y purificó así el rostro de una Iglesia, secularmente manchado con la marca de gran propietaria de tierras sobre la base del despojo a sus legítimos propietarios.

Y, así con el rostro limpio, pudo ponerse junto a los `más pobres entre los pobres´ en su justa lucha por reivindicar su derecho a la tierra.”

La entrega de tierras provocó un gran escándalo. En la concepción de las clases dominantes, la propiedad privada era casi un derecho sagrado (querido por Dios) y atacarla era destruir la moral y socavar los cimientos de la sociedad. “Solo un ateo puede pedir que se destruya la base de la sociedad, de la religión y de la Iglesia” señalaban de manera contundente.

En apoyo a su trabajo pastoral, creó las Escuelas Radiofónicas populares, para alfabetizar y concientizar a los indígenas ya que, según decía “Es fundamental educar al pueblo, es indispensable que esta educación no siga siendo una domesticación, sino una promoción del hombre en todas sus capacidades”

Fue inevitable. Los problemas de tierra no tardaron en aparecer en la diócesis. Los terratenientes, fueron protegidos incondicionalmente por el Poder y resguardados por las fuerzas “del orden”. El Estado reprimió con el ejército y la policía la lucha de los campesinos por la tierra. Solo en el año 1974, fueron asesinados varios indígenas, entre ellos los dirigentes Cristóbal Pajuña, el 18 de mayo de 1974 y Lázaro Condo en la hacienda de Toctezinin el 25 de septiembre de 1974.

Así el trabajo de Mons. Proaño pasó inevitablemente del campo pastoral al terreno de la política y el Estado no lo pudo tolerar cuando desafió sus propias estructuras.

La expresión máxima de la respuesta del Estado ocurrió cuando el 12 de agosto de 1976 la dictadura militar de la época allanó de manera violenta el Hogar de Santa Cruz cuando se realizaba una reunión para realizar un intercambio de experiencias pastorales, un ensayo de diagnóstico de la situación de América Latina y buscar las proyecciones pastorales. Los 55 asistentes –entre ellos los 17 obispos- fueron conducidos en buses de la policía hacia la ciudad de Quito y los extranjeros inmediatamente expulsados del Ecuador. Esta no fue una acción aislada de la dictadura. Poco tiempo después se sabría como actuó la CIA y el imperio para “cuidar” que no se alborote su patio trasero. Eran los tiempos en que Henry Kissinger, como Secretario de Estado manejaba la política exterior y atendía personalmente la relación con Latinoamérica.

lunes, 11 de octubre de 2010

Envío 128 MONSEÑOR PROAÑO, Testimonio de Nidia Arrobo Rodas en el XXX Congreso de Teología de Madrid I Parte

MONSEÑOR LEONIDAS PROAÑO

Nidia Arrobo Rodas


“Soy voz que clama en el desierto”

"Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbres a aquellos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muerte y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan oprimidos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los adoctrine y conozcan a su Dios y Creador…?
¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto, que en el estado que estáis no os podéis salvar…"

Este es un extracto del sermón de Fray Antón Montesinos, pronunciado un domingo de adviento de 1511.
Así se iniciaron casi cinco siglos de dominación sufrida por América Latina y así llegamos a una situación sufrida por los indígenas hasta la tercera parte del siglo XX.

Leonardo Boff sostiene que durante la colonia, el trono y el altar, el colonizador y el misionero asumieron un proyecto único y establecieron el nuevo orden político y religioso. Imperó el evangelio del poder, no el poder del evangelio. La estrategia de evangelizar a partir de una posición de poder, prevaleció durante siglos y aún prevalece en el Vaticano y, en cierto modo, también en las otras grandes iglesias históricas. Se trata de una visión imperial de la misión, porque el objetivo consiste en incorporar a los nuevos cristianos a la historia de los cristianos de los países centrales, donde primero penetró el cristianismo.

CONTEXTO:

Mons. Leonidas Proaño, llegó como obispo a una provincia de Chimborazo feudal, racista, de mentalidad medieval. Las clases sociales y los roles muy bien establecidos en la colonia primero y en la conformación de la república después se mantuvieron incólumes: los terratenientes eran los “patrones” y los indígenas “los siervos de la gleba”.

Así fue la expresión de un sistema de dominación que se inició con la conquista, se consolidó con el adoctrinamiento y se solidificó con la colonia.

En Ecuador el proceso fue especial. Según Comblin , producida la independencia, hacia la mitad del siglo XIX se “romanizó” la iglesia en contra de la modernidad. “Se cambió el episcopado colocando en el mismo personas de lucha que concentraron un fuerte poder conservador, lo que dio origen a una fuerte reacción liberal que luego devino en una fuerte reacción conservadora”.

Los sectores dominantes de Ecuador han sido tradicionalmente muy conservadores y no afectos a la modernidad. En 1963, un proceso impulsado desde los Estados Unidos para modificar las relaciones laborales de atraso en el campo fue abortado por la presión de los sectores terratenientes. Recién en el año 1968 se expidió la primera ley de abolición del trabajo precario en la agricultura, que permitía mantener al indio atado a la hacienda de por vida, para tener mano de obra gratuita.

En este contexto apareció la figura de Mons. Proaño y se convirtió rápidamente en un signo de contradicción: iba contra un siglo de anti modernidad.

Fiel al método Ver, Juzgar y Actuar y para definir lo que sería su acción pastoral. Comenzó con el Ver recorriendo la Diócesis y constató, como problema principal, lo mal repartidas que estaban las tierras y que la Iglesia asomaba como rica por las tierras que poseía, entregadas por irrisorios alquileres a los terratenientes.

“La población de la Diócesis de Riobamba, en sus dos tercios, estaba compuesta por indígenas. Encontré que su situación era deplorable, desde todo punto de vista: económico, social, educativo, político, religioso. Vivían en la más completa miseria; eran víctimas del desprecio de todo el mundo; apenas un 8% había pasado por la escuela hasta segundo o tercer grado; por ser analfabetos no eran reconocidos por la Ley como ciudadanos; se encontraban terriblemente marginados por la sociedad e inclusive por la Iglesia. Los derechos fundamentales de este pueblo estaban cruel y permanentemente pisoteados.”

Fue entonces cuando concibió la necesidad de actuar uniendo la FE y LA PÓLITICA. “Hay que caminar con los dos pies: un pie en la Fe y otro en la Política, un pie en el evangelio y otro en las organizaciones populares”. Con estas premisas, comenzó a preparar su Plan Pastoral, incluyendo en el proceso a los propios indígenas.

El juzgar le llevaría a definir las líneas maestras de acción, estableciendo “una comparación entre lo que es y lo que debe ser, entre esa realidad y el Plan de Dios” que implica una actitud de vida de fe profunda y rica, para percibir el Plan de Dios y el deber ser.

Para afrontar la realidad se planteó el “actuar”: “... empecé a buscar caminos de respuesta a los grandes problemas de la gente, particularmente de los campesinos.” En 1954 aún no se reconocía la identidad de los pueblos indígenas y eran llamados campesinos por el hecho de vivir en el campo y, de parte de los poderes, con el deseo de asimilarlos a otros grupos humanos que vivían y viven en el campo. Sin reconocer su identidad tampoco se valoraba su cultura, ni se aceptaban sus valores, peor aún sus derechos históricos, sobre todo el derecho a la tierra. Monseñor descubrirá, poco a poco, que “estos” campesinos son herederos de los pueblos indígenas, primeros pobladores de nuestro Continente, sujetos de derechos ancestrales.

¿QUÉ HACER FRENTE A LA REALIDAD?

La realidad de los indígenas de Chimborazo, desborda cualquier posibilidad racional de comprensión. Mons. Proaño definió el problema del indio como “complejo y formidable”, y según afirmó, “no hay cómo, ni quiero darle soluciones parciales”. Es que desde el principio percibió con claridad que el problema no se arreglaría con soluciones parciales, ni con una acción pastoral aislada de la Diócesis de Riobamba, ya que corría el riesgo de quedarse en una acción asistencialista.

De ahí que tan pronto como es nombrado Obispo decidiera apartarse radicalmente del funcionamiento “constantiniano” de la Iglesia, que en América Latina se sustentaba en el clericalismo, en la connivencia con el poder, dando prioridad al templo, al sacramentalismo, al adoctrinamiento y al proselitismo… antes que la búsqueda del Reino de Dios y su Justicia. Para el control del estado de cosas se configuró el triángulo de poder: el cura, el terrateniente y el teniente político (representante del Estado).

Monseñor Leonidas Proaño participó en el Concilio Vaticano II y aportó, sobre la base de las experiencias de su trabajo en Chimborazo, con sus intuiciones y reflexiones teológico pastorales que fueron claves para los postulados de lo que sería la nueva iglesia latinoamericana.

La fuerza transformadora que la nueva Iglesia recibió con el Concilio Vaticano II impulsó de manera decisiva el empeño de Mons. Proaño por transformar la Iglesia de Riobamba y contribuir a la renovación de la Iglesia Latinoamericana. “Comprendí que la Iglesia debía sufrir una transformación radical, que los obispos debíamos realizar grandes esfuerzos por transformar una Iglesia de imagen piramidal en una Iglesia comunitaria.

Comprendí que los sacerdotes habíamos sido acaparadores de todos los carismas en la Iglesia, que nos habíamos convertido, en vez de servidores, en dominadores del pueblo y que los laicos estaban llamados a jugar un papel preponderante”

Su acción pastoral se desarrolló en tres niveles estrechamente relacionados entre sí, la concientización, la evangelización y la política . Para ello creó equipos de reflexión, de misión, de evangelización, de pastoral, etc., conformados con sacerdotes, religiosos y, sobre todo, laicos,

La Iglesia de Riobamba empezó a caminar conducida por el Plan Pastoral elaborado con la participación activa de quienes fueron miembros del equipo. Esto formó parte de sus convicciones más profundas y lo dejo escrito en la ponencia que presentara en la reunión del CELAM en Medellín: “...en la auténtica Iglesia de Cristo, todos estamos llamados a ser activos, todos servidores, todos constructores, desde el instante y por el hecho de haber recibido el bautismo”.

lunes, 12 de julio de 2010

Puka runa

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domingo, 4 de julio de 2010

Envío 127: LA FLAUTA






Poema escrito por Monseñor Proaño y que forma parte de la Cantata Puka Runa
Foto del Personaje de Monseñor en la Cantata

LA FLAUTA


¡Qué música tan triste
de flauta indiana!
¡Cómo con la tristeza
tan bien se hermana!
¡Cómo enajenan mi alma
sus melodías
y al corazón inundan
melancolías!


Toca, indio, la flauta,
tócala, toca;
mira que hasta conmueves
la dura roca;
mira que a tus tonadas
las avecillas
juntan sus trinos suaves
sus vocecillas.


Mira que yo te escucho
con alegría
y pasara gustoso
entero el día;
no quieras disgustarme,
triste indiezuelo,
que tu flauta me llena
de dulce anhelo.


Indio, no tengas miedo,
yo soy tu hermano,
ya por haber nacido
en suelo indiano,
ya porque tienes alma
como la mía
redimida por Cristo
con su agonía;


ya también porque tienes
un distintivo
que une nuestras dos almas
con lazo vivo:
un carácter te ha dado
Naturaleza,
que yo también tengo
y es la tristeza.


Con tus tonadas lloras
tu desventura,
por eso ellas encierran
honda tristura;
llora, que razón tienes,
hermano, llora.


¡para ti no se anuncia
la dulce aurora!
La libertad perdiste,
hermano, gime,
que el llanto nuestras penas
cura y redime.
Toca, indio, la flauta,
tócala, toca,
quizá al hombre conmuevas,
¡tan dura roca!...


Diciembre, 30 de 1927

domingo, 27 de junio de 2010

Envío 126: PUKA RUNA, el hombre rojo






Por: Margarita Laso
mlaso@hoy.com.ec


El rojo atraviesa el escenario de principio a fin. Rojo en las manillas y collares, rojo en el sol que tejen los bailarines, rojo en los cantos henchidos, rojo en las luces que calientan la noche andina, rojo en el cuchillo de las sopranos. Se recuerda a Leonidas Proaño, su camino en el Ecuador de los indios, su defensa de los derechos humanos, su vida sacerdotal con ojos en la tierra y corazón en la esperanza de transformación que abrigó a los pobres, su presencia imborrable en el Chimborazo. Leonidas Proaño, nacido en San Antonio de Ibarra, se consagró a la formación de los indios de acuerdo al lema de sus escuelas radiofónicas: "Educar es liberar". ¿Y qué era esta liberación? Tal vez, la alfabetización en quichua; tal vez, la entrega-devolución de tierras; tal vez, la organización popular. Grandes temas del movimiento indígena. Todo esto recuerda la cantata escénica Puka Runa, presentada en el Teatro Sucre hace pocos días. Allí, están la Banda Sinfónica Metropolitana, la Orquesta de Instrumentos Andinos, el coro mixto Ciudad de Quito, el grupo de danza quichua Muyacán, celebrando al hombre de poncho que extiende sus manos serenas en este recuerdo. Allí, orquesta, coros, solistas y actores, César Chauvin, el bajo, Mariela Condo, la soprano, Pedro Janeta, el bocinero, Gregorio Agualsaca, el churero, Juan Sucui, el cachero, trabajan esta minga y zanjan una red líquida de música.


Es que se trataba de que vuelva a la escena en forma artística ese mensaje, ese llamado que fue la vida pastoral y política de un hombre excepcional. Así lo dice Nidia Arrobo.


El compositor, con la batuta al frente, hace uso de las estructuras instrumentales que podrían ser una de las fortalezas de la ciudad actual. Escribe, entonces, algunas piezas de la cantata para soprano, bajo, rondadores y trombones, en la que se encuentran la banda popular y los aerófonos andinos.


Un montaje soñador que reúne a más de 200 personas y nos ofrece nuevos sanjuanes. Al frente, el respeto a la figura de Proaño, de frente el propósito de ser parte de una edificación nueva, el coraje creador, el amor a estas montañas y su música como fundamento. Hay momentos intensos que lamentan el cruel huasipungo. Pero es una fiesta recordar las jornadas alfabetizadoras, la siembra, los brotes de la organización, la inmensa y profunda esperanza que plantó con sus obras este pastor. "Creo en el hombre y en la comunidad. Sueño en la posibilidad de una sociedad nueva."


Puka Runa, de Leonardo Cárdenas, alimenta nuestro cancionero pero, sobre todo, enriquece el imaginario de un mundo ilusionado y posible. Mientras, Mariela Condo despliega para el Ecuador el sendero sonoro de su talento, aquí están indios y mestizos otra vez encontrándose en este trayecto. El poncho de monseñor Proaño se eleva sobre nosotros, mientras los coros afirman este texto suyo: "Compartir los peligros en la lucha, por vivir en justicia y libertad, arriesgando en amor hasta la vida, es solidaridad". Así cantan victoriosos, indios y mestizos, otra vez.

domingo, 20 de junio de 2010

Envío 125 LA CANTATA PUKA RUNA Ileana Almeida (publicado en Diario Hoy de Quito)



La Cantata Puka Runa
Publicado en el Diario Hoy 06/Junio/2010 | 00:06


Por: Ileana Almeida, 
Filóloga y Catedrática Universitaria


¿Qué es lo que se mostró en la Cantata Puka Runa, con que la Fundación Pueblo Indio rindió homenaje a su fundador, el obispo Leonidas Proaño, en el centenario de su nacimiento, para que el público del Teatro Sucre la acogiera con enorme y sincero entusiasmo? La pieza, con el concurso de más de 170 personas en escena, narra la vida del sacerdote que se consagró a convertir en realidad los anhelos indígenas de superar el aislamiento, la pobreza y la expoliación. Cuenta la fascinación que ejercía sobre él la cultura de los quichuas, que a pesar del secular menosprecio de que han sido víctimas han sabido preservar el sentido de la belleza en el alma de su pueblo y la experiencia de la realidad como fuente de su conciencia. “Salvemos las culturas indígenas, decía el obispo de los indios, antes de que sea demasiado tarde, porque ellas conservan los sentidos comunitarios que podrían dar sentido al futuro de todos”.
Alrededor de monseñor Proaño y la comunidad indígena, personajes inseparables en la Historia y en la Cantata, se recrean valores simbólicos y se formulan hermosas metáforas en el lenguaje hablado, en la música, la danza, el canto, la mímica, la escenografía, todo para relatar una saga moderna, que induce a comprender de donde proviene la verdadera justicia. El relato muestra dos culturas diferentes, la quichua y la mestiza, pero el espectador advierte como armonizan en la vida y la obra del prelado. Se escuchan sus palabras sencillas e iluminadoras y como telón de fondo, cantado o hablado, resuena sonora la lengua quichua. La hipocresía de la iglesia oficial, que tanto combatió a Proaño, contrasta con la humilde labor agraria de los comuneros, en acertada interpretación coreográfica. La voz del bajo que canta en español pone contrapunto a la pureza de la soprano quichua.
La interculturalidad es posible cuando hay una actitud sincera, en la obra se recrean rituales antiguos como el tejido de cintas rojas que van modelando el mundo a la manera mítica, mientras se predica el Evangelio de la Teología de la Liberación. Con hábil dominio escénico se representa la vida austera del obispo: una mesa, una ventana desnuda bajo una tenue luz. El conflicto entre el Estado y los pueblos indígenas, que no acaba hasta ahora, se simboliza en la escena del asesinato de Lázaro Condo. Es gran mérito de los realizadores y ejecutantes haber logrado interiorizar y mostrar las posibilidades de proyección futura de los códigos culturales quichuas con la propiedad y solvencia que demostraron en la corta, demasiado corta, temporada que se les asignó. La obra tiene un brillante final: los coros, la orquesta sinfónica y la de instrumentos andinos entonan un himno a la verdad y al amor, en quichua y en español, mientras el poncho blanco que vestía monseñor Proaño, el único escudo que usó frente a los ataques del poder, se eleva a las alturas para significar cuan auténtica sigue siendo la Revolución del Poncho.

domingo, 13 de junio de 2010

Envío Nº 124 PRESENTACIÓN DE LA CANTATA PUKA RUNA


CANTATA PUKA RUNA: PRESENTACIÓN



Como en el universo las estrellas, hace 100 años, en la humanidad, en la justicia, en la fe cristiana y en los derechos humanos, se gestaba una gran luz.


No nació cuando su madre lo trajo al mundo en 1910. Tampoco cuando en 1936 fue ordenado sacerdote y mucho menos cuando el oficialismo eclesial le nombró obispo en el 54. En esos años, ya se estaba preparando. Su luz, esa magnífica luz, nació cuando llegó a Chimborazo un 29 de mayo de 1954 y conoció la miseria, el dolor de la injusticia, el escarnio de la discriminación que vivían, día a día, sus hermanos indios. Él, Leonidas Proaño, juzgó indispensable devolverles el principio fundamental de su condición humana, que había sido usurpado desde hace siglos por los conquistadores y luego por sus sucesores criollos y mestizos: LA DIGNIDAD, y actuó de acuerdo a ello.


En 1960 fundó el Centro de Estudios y Acción Social, CEAS, en el 62 creó las Escuelas Radiofónicas del Ecuador ERPE y la Granja-Escuela Tepeyac de donde más adelante nacería la ECUARUNARI, así mismo constituyó los equipos pastorales y las comunidades eclesiales de base. Debido a estas acciones fue fiscalizado por el Vaticano en 1973 mientras en Chimborazo se convulsionaban los conflictos de tierras, a consecuencia de lo cual el líder indígena Lázaro Condo fue asesinado. Más tarde, en el 76, la dictadura militar ordenó el apresamiento de Proaño junto a otros obispos latinoamericanos acusados de subversión.
La estrella nació verdaderamente cuando Proaño tomó una decisión fundamental, cuando renunció a la tentación de vivir a cuerpo de obispo -príncipe de la Iglesia- y escogió el amor a Dios en el amor al prójimo más despreciado y excluido, el indígena, educando su conciencia a través del alfabeto y del evangelio al que proclamó como el más subversivo de todos los documentos. Entonces la luz de esa estrella estalló en miles de rayos, con plena conciencia, con convicción y con acción.


Taita Leonidas es una estrella y brilla tanto porque vive en los que creemos que su vida fue un mensaje. La Fundación Pueblo Indio del Ecuador y los artistas creadores de la Cantata Escénica Puka Runa, hemos aplicado una de las enseñanzas básicas de Taita Leonidas: los valores comunitarios, la minga, en este caso creativa, para recordar a los defensores y conformistas del sistema, que las estrellas, como la utopía, brillan por una sola razón: señalarnos el camino. La Fundación Teatro Nacional Sucre se ha convertido en el proyector que nos ayuda a mostrarla.
Nidia Arrobo Rodas, la directora ejecutiva de la Fundación Pueblo Indio del Ecuador, nos lleva la delantera en el camino del reconocimiento al pensamiento y trabajo de Leonidas Proaño. Y por eso, Nidia acaba de recibir un premio en La Habana, Cuba, denominado "ROSTROS DE LA SOLIDARIDAD Por ser símbolo e identidad continental en su opción por los pobres y excluidos; en su comunión y esperanza con la liberación de América Latina, dado por El Grupo de Reflexión y Solidaridad "Oscar Romero".


Unámonos todas y todos en un fuerte aplauso de orgullo y felicitación.


Una cantata es una estructura musical que se sostiene en la interpretación cantada y orquestada de varias composiciones. Pero, Puka Runa es una cantata escénica, es decir que, además de sus características sonoras, tiene otras que transcurren en imágenes dancísticas y acciones escénicas, tejidas dramáticamente. En Puka Runa, la dramaturgia es el cimiento para la construcción de los otros lenguajes: la música instrumental y coral, la danza y el teatro.


La Cantata escénica Puka Runa, por último, tiene un subtítulo: La Revolución del Poncho. Diversa con respecto a otras que se dicen revoluciones, la del poncho es una revolución que señala no solamente la reivindicación del Ser Indio y del justo reconocimiento a su cultura y a su aporte, sino también la reivindicación de sus derechos colectivos. Enfoca los valores ancestrales que enfrentan al Pueblo Indio no contra un gobierno ni una coyuntura política específica, sino contra un sistema neocolonial, capitalista, corrupto y perverso que late en el corazón de los pequeños poderes ajenos y propios.


Cuando perdamos el rumbo y no sepamos por dónde seguir, cuando lo que creíamos un camino cierto se convierte en un pantano, entonces levantemos la frente y recurramos a la estrella: cantemos el Credo de Proaño que ahora conoceremos, pongámonos el poncho y bailemos el Puka Runa en comunidad; entonces el camino se aclarará nuevamente.


Niños y niñas, jóvenes y adultos, todos y todas… con ustedes, la Cantata escénica PUKA RUNA… La revolución del Poncho.


Adela De Labastida
23/05/2010